miércoles, 23 de octubre de 2019

“Si pensamos en grande los pueblos nunca van a estar a la altura de los criterios exigidos”


ALTO MIJARES | La presidenta de COCEDER, Tamara Balboa García, reflexiona sobre las desigualdades del medio rural español
El pasado 17 de octubre se celebraba el “Día Internacional para la erradicación de la pobreza” y durante esta semana, también queríamos centrarnos en la desigualdad que sufre el territorio rural.

Por ello, la presidenta de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural – COCEDER, Tamara Balboa García, ha querido reflexionar sobre este tema, y que ahora compartimos.
“Empecemos a pensar desde lo pequeño. Si pensamos en grande los pueblos nunca van a estar a la altura de los criterios exigidos. La pobreza rural no es sólo un tema económico. Es el aislamiento, la desconexión, la incomunicación y el fruto de políticas equivocadas centradas en infraestructuras o servicios totalmente inviables e insostenibles, de ahí que las políticas en el medio rural, debido a las variaciones poblacionales, deben ser ante todo versátiles y tratar de aprovechar sinergias, colaboraciones y consensos en cuánto a ratios a aplicar en servicios educativos, sociales o formativos.
No es lo mismo trabajar en una cabecera de comarca que tener que moverse por los pueblos. No podemos establecer el mismo número de alumnos/as por profesor en un colegio de un ayuntamiento rural que en cualquier otro centro educativo. El criterio poblacional no puede ser el único para determinar la ubicación de los servicios: hay que tener en cuenta la dispersión geográfica, vías de comunicación, posibilidad de transporte público… e incluso plantear servicios móviles.
Debería ser imposible la existencia de pobreza justo allí donde casi sale espontáneamente mucha de esa riqueza que podría paliar la situación. Deben favorecerse las condiciones propicias para que se empiece a producir riqueza y para que esta llegue al mayor número de población posible evitando la concentración y el acaparamiento de tierras y recursos en manos de unos pocos. Algo que empieza a ser habitual, sobre todo en pequeños pueblos en los que empresas externas están accediendo a grandes extensiones de terreno para diversas explotaciones: mineras, agrícolas, producción energética…

Burocracia contra desarrollo
Tenemos un medio rico, muchas veces versátil, muchas veces con abandono de explotaciones productivas, conviviendo con pobreza y necesidad. La razón de que esto ocurra evidentemente no es natural, sino fruto de la burocracia que arrastra a esta pretendida sociedad del bienestar. Esta realidad, también nos hace patente que no sólo es necesario tener un modo de ganarse la vida en el medio rural, sino también, que necesitamos servicios educativos, sociales o sanitarios y comunicaciones de calidad.
Los procesos administrativos que en su esencia deben ser garantistas, no lo son tal. La corrupción crece en progresión geométrica al lado que incrementamos estos procesos, convirtiéndose en una traba para poder acceder a la utilización de recursos por aquellos/as que de entrada están en una situación de desventaja.
Hemos fragmentado tanto la estructura administrativa que a veces se hace inoperativa, con departamentos estancos a veces incomunicados e incluso con acciones contrarias. Los ríos a la confederación, los montes a las direcciones generales forestales, la agricultura al departamento correspondiente, medio ambiente por otro lado, patrimonio por otro… y así toda la estructura ministerial y autonómica y ahora los ciudadanos/as de a pie pongámonos a emprender cualquier proyecto con esto y esperamos a que lleguen todos los permisos y licencias.
Carreteras e infraestructuras para volver, no para huir
A veces pensamos que las infraestructuras son suficientes para el desarrollo. El medio rural es un claro ejemplo de que no es así: las carreteras muchas veces han servido más como rutas de evasión que de retorno y esto ha quedado patente cuando la mejora de las comunicaciones ha propiciado que muchos habitantes del medio rural hayan mantenido su trabajo en este, pero se hayan trasladado a vivir a las ciudades provinciales o a las villas cabecera de comarca.
Por otro lado, encontramos muchas otras infraestructuras que su razón de ser fue su propia construcción y que después protegidas por normas sectoriales de departamentos específicos impiden que sean empleadas por otros departamentos y que estén disponibles para ser utilizadas por los habitantes del medio rural o incluso acoger a nuevos pobladores. Sirvan como ejemplo, miles de viviendas de maestros, antiguos cuarteles, obras públicas… que están cayéndose al suelo mientras al mismo tiempo hay miles de personas sin una vivienda digna.
Estas estructuras creadas desde lo urbano chocan para proteger el medio rural y consumen enormemente los recursos y energías de los pobladores. Las incompatibilidades y ordenes contra ordenes quedan patentes en demasiadas ocasiones y mientras cada departamento legisla por su lado, el medio rural español se despuebla a pasos agigantados cuando no es tiempo de pensar sino de actuar. Los municipios en los que la media de edad supera los cincuenta años no están para más esperas y esta no es la realidad de uno ni de dos, es la realidad de cientos.
La principal especie amenazada… es la humana
Los habitantes del medio rural sabemos bien las especies animales que han desaparecido o están en riesgo de desaparecer por el abandono del campo o la modificación en las prácticas agrarias.
Si se consigue dignificar el medio rural, revalorizar y facilitar trámites y donde los métodos para hacer no estén encorsetados en formularios y protocolos habremos avanzado mucho. Los costes de garantizar, controlar y proteger no pueden tener como resultado el abandono, ya que la principal especie amenazada en muchas zonas es la humana y cuando esta cae las demás se resienten, ya que los ecosistemas deben estar en equilibrio y en el medio rural es necesario mantener al hombre para preservar otras especies.
Es necesaria una agricultura y una ganadería sostenible y respetuosa con el entorno que además de ayudar a mantener una rica biodiversidad que estamos perdiendo junto a otros muchos saberes, tiene otros muchos beneficios contra la lacra de los incendios forestales. Esta agricultura y ganadería muchas veces bajo los criterios administrativos no es rentable, ni moderna, pero es sostenible y con más facilidades y menos trabas ayudaría a mantener población. Y es que la ganancia se ha pretendido conseguir con el aumento de la producción y de la dimensión de las explotaciones y no así con el aumento del valor de los productos y la puesta en valor de su calidad.
Debemos pensar para qué y donde queremos producir y facilitar los canales cortos de comercialización. Fomentar las pequeñas explotaciones está en manos de las administraciones, empezando por consumir estos productos en sus propios servicios de restauración.
Hablar con quienes pisan la tierra y no desde la lejanía
Hay algo tremendamente importante para luchar contra la pobreza en el medio rural: preservar saberes y fomentar su recuperación. Debemos recordar que hasta no hace tanto nos hacían autosuficientes. Démosle valor, fomentemos su recuperación, muchas tecnologías eficientes y respetuosas con el entorno que es necesario preservar.
Algo fundamental que se les escapa a todas las administraciones a la hora de legislar sobre el medio rural es poner los pies en la tierra y buscar a los interlocutores válidos y autorizados, que son los propios habitantes, Ellas y ellos son los verdaderos expertos en su territorio. No se puede legislar sobre un territorio desde la lejanía. No se puede gobernar un ayuntamiento rural en el que no se vive y cada vez empieza a ser más frecuente que ni los propios alcaldes vivan en los pueblos.
Somos expertas en vivir mejor con menos
Las ciudades están generando grandes bolsas de exclusión. Muchas de estas situaciones parecen irreversibles, con el acceso a la vivienda y a un empleo digno y de calidad como principales problemas. Parece claro que esta sociedad no va a generar muchos más empleos, las nuevas tecnologías están substituyendo la mano de obra humana. Esta realidad nos debe hacer plantear el futuro de un modo diferente y empezar a valorar lo que hasta ahora hemos denostado, empezando por la calidad de vida que un medio rural con unos servicios adecuados puede ofrecer.
La exclusión social en el medio rural no es tan extrema como en las ciudades. Las personas no son anónimas en los pueblos: los miramos a la cara y tienen nombre. En el medio rural es difícil ver a personas sin techo, hemos sido capaces de aprender a vivir a con menos y la solidaridad era uno de los valores por excelencia.
El vivir con menos para vivir mejor es uno de los retos que tenemos como sociedad para mantener simplemente este planeta habitable y ello pasa por un territorio habitado, un consumo responsable y sostenible de recursos y la producción de alimentos desde la proximidad y no por la concentración de millones de personas en grandes urbes que tal y como las conocemos empiezan a asfixiar en todos los sentidos”.

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